viernes, octubre 30, 2009

En Buenos Aires

Que puedo decir de Buenos Aires?

Unos años después sigo pensando que es una ciudad interesante en medio de sus problemas. Se encuentra de todo y para todos. Los hay buenos y malos. Hay muchos parques y lugares para caminar, sitios para fotografiar, gente que te trata bien y gente a la que provoca agarrarla a patadas. Un Subte que me gusta a pesar de lo viejo y lo caliente. Una ciudad donde encontrar una moneda para el colectivo es una locura. Una ciudad donde pasé varias noches sintiendome feliz. Aprendí a vivir con 300 dolares al mes, a llegar a una dirección sin preguntar a nadie, a no usar el verbo "coger" como lo hacemos el resto de hispanohablantes, a tener una dieta pobre en frutas.

No es el primer ni el tercer mundo, es la particular Buenos Aires, con su Obelisco, con su Flor Gigante, con su Tigre, con su heladería artesanal en cada cuadra, con su Quilmes, con su Once, con su Palermo

Hay que irla a visitar pero no en verano :-)

domingo, agosto 19, 2007

De Cali a Sao Paulo (Parte 3: Argentina)

Pasar de Bolivia a Argentina, es como pasar a otro continente, se siente la diferencia instantáneamente. El puesto fronterizo en Argentina es relativamente pequeño y hay que hacer fila al sol. A la mayoría de extranjeros solo les revisan el pasaporte y ya...a los colombianos (y a los peruanos), por venir de un país coquero, y atravesar por otros dos países coqueros, nos hacen sacar todo de la maleta, nos preguntan varias veces que a qué vamos a Argentina, leen todas las etiquetas de lo que uno lleva, sacuden la ropa, sacuden la maleta (en otras palabras desordenan lo que con tanto trabajo entró a presión) y por último que cuánta plata llevamos...afortunadamente acerté y dije que llevaba 200 dólares, que es lo mínimo que dicen ellos que debe uno tener para poder entrar (a una peruana no le dejaron pasar). Después de ese tensionante momento, al otro lado del continente, pensando que me devolverían casi llegando a la meta, me dejaron pasar y me dieron visa por 90 días. Finalmente...Argentina!! Tenía muchas ganas de llegar, en el viaje anterior me había quedado con las ganas de pisar suelo de ese hermoso país. Como dije, el panorama empezó a cambiar sustancialmente, empecé a escuchar ese acento que tanto me gusta, ya se veían carros europeos, casas de estilo europeo, gente de revista...
Atravesando la frontera, se llega a un pueblo llamado La Quiaca. Como en el paso fronterizo me demoraron tanto, perdí mi bus hasta San Salvador de Jujuy...afortunadamente pude hacer un cambio de tiquete y me llevaron en otra empresa hasta allí. Me hospedé en un hostel cerca a la plaza (quedo debiendo el nombre), por 30 pesos argentinos (unos 10 dólares) que incluía desayuno, piscina, internet, habitación y baño compartido (muy bonitos). Al otro día, agotado por tanta viajadera, me desperté tarde y perdí la oportunidad de ir a un tour por Humahuaca...me recomendaron mucho hacer este tour, espero poder ir en una próxima oportunidad, pues se ven paisajes multicolores en medio del desierto. Como el tiempo y la plata en ese momento me apremiaban, me quedé ese día recorriendo algunas zonas de Jujuy, es un pueblo pequeño (diría que como Buga) pero es agradable y la gente es amable. Compré tiquete para Buenos Aires, nuevamente en Almirante Brown (tenían una promoción, a 90 pesos hasta BsAs, o sea como 30 dólares para un recorrido de 24 horas...que no me parece caro). El bus era de dos pisos, me fui en la parte de las sillas cuasi cama, o sea abajo. El paisaje hasta Buenos Aires me pareció un tanto monótono, a veces interrumpido por vacas o filas de pinos, pero casi todo es planicie con pastos y una que otra casa, creo que las carreteras fueron diseñadas para no atravesar las ciudades sino para pasar por sus costados (así lo comprobé al pasar por Rosario -también la conoceré en un próximo viaje-). Paramos a comer en un restaurante, la empresa pagó por nuestra comida. Desde allí llamé a mi amigo Miguel, quien me dijo que calculaba que en unas 4 horas estaría en Buenos Aires. Bueno, ya de allí solo fue dormir y por ratos contemplar el paisaje invernal, comer galletas de la tía Pepa y esperar...
A eso de las 18:00 comencé a entrar a BsAs...



(en construcción)

martes, octubre 31, 2006

De Cali a Sao Paulo (Parte 2: pasando por Bolivia)

Bueno, llegué a Lima. Me gusta mucho Lima. Mi amigo Jorge fue quien me recibió esa madrugada. Gracias a él y a Roel la pasé mucho mejor de lo que yo esperaba. Ya en el viaje anterior les comenté todo lo que conocí de Lima, además fuimos al pueblo de Churín, a unos 200 kms en la sierra limeña, en donde su atractivo son el paisaje y las aguas termales; fue muy relajante ese paseo. Costó unos 90 soles (menos de 30 dólares) incluyendo transporte, alojamiento, comida y entrada a las termales; hay varios hoteles pequeños en Churín, es conveniente revisar que tengan suministro permanente de agua (y de agua caliente), pues muchas poblaciones de Perú tienen estos inconvenientes de escasez de agua.
En esta parte de Perú no me detendré mucho, ya les he contado más o menos cómo es y nada ha cambiado en 3 años (al menos no para mal); en Lima permanecí unos 8 días (invitado por Jorge, muchas gracias Jorge) conocí a su familia (muy amables todos, su mamá cocina delicioso), conocí a Tara, su perra y conocí a Juan Carlos (un limeño muy simpático y muy buena persona -por acá bienvenido-). Seguí hasta Arequipa en Cruz del Sur por 45 soles (el servicio más barato, sin baño pero con paradas a mitad del camino), recibí un torpe coqueteo de una tacneña en el camino, luego almorcé en la terminal de Arequipa y seguí hasta Puno, llegué hacia las 8:00 p.m. en la empresa Civa por 13 soles (4 dólares). Me hospedé en el hotel de la terminal (me hospedaron pagando media pensión, o sea 20 soles, solo fueron 5 horas allí), tenía tv, era cómodo, el baño estaba bien, pero el calentador no me funcionó (el agua es casi que recién descongelada). A las 6:30 a.m. tomé un bus hasta La Paz (Bolivia) por unos 13 soles, el bus iba lleno de ingleses y unos cuantos asiáticos. Por lo tanto el panorama interno y externo del viaje fue entretenido. El paisaje boliviano es muy bonito, se ven varios nevados, planicies, sensaciones bucólicas...pero
La Paz me sigue pareciendo depresiva y sucia, nada que hacerle, no le gastaré muchas palabras a este episodio, supongo que un día deberé conocer la ciudad con un boliviano/a. Llegué hacia las 2:00 p.m. (hora local, una hora más que Colombia) tomando la ruta de Desaguadero y no salí de la terminal, pues es donde menos miedo me dio quedarme (además ya había salido la vez anterior que fui). Dilapidé el tiempo en una sala de internet hablando con mi hermano y con una amiga bogotana, y tomándome una Coca Cola para no quedarme dormido. A esa hora el restaurante de la terminal ya no servía almuerzos, así que me tocó comer galletas. Compré una cobija pues estaba haciendo demasiado frío. El baño de la terminal es relativamente decente, pero se escucha una sinfonía de pedos desde que se entra hasta que se sale, fue muy gracioso. Empecé a sentirme enfermo, pero ya había comprado mi tiquete hasta Jujuy (Argentina, 75 dólares) y no podía quedarme en Bolivia, ya habia tenido problemas en la frontera y no queria permanecer mas tiempo allí. En la oficina de la agencia Almirante Brown compré el tiquete y dejé el morral toda la tarde, salí a las 7:30 p.m. La empresa asociada en Bolivia a Almirante Brown, que hace el trayecto La Paz - Villazón, no era nada de lo que me prometieron (bus semi-cama, con baño, climatizado, con televisor), el bus era muy estrecho (quedaba yo en posición ginecológica), la climatización al parecer eran los rotos de las ventanas y del piso (me congelé todo el camino, no hubo doble chaqueta ni doble pantalón ni cobija que me protegiera en todo el trayecto a casi 4000 metros de altura) y no había baño (en la carretera conocí el baño más bonito y al cual llevo con grato recuerdo en mi memoria por haberme salvado de un desastre provocado por alguna mala comida, pero que no me salvó de otro desastre no menos desagradable jejeje).
Bueno, la gente en Bolivia me sigue pareciendo ensimismada, no puedo decir que ni malo ni bueno, pero como en este baile no me fue muy bien, prefiero no decir mucho.
Llegué a Villazón a las 13:00 aproximadamente. Solamente nos detuvimos en un pequeño pueblo a desayunar y a que nos prestaran el baño...el frío era demasiado. No desayuné ahí porque no me dió confianza el lugar...en general el aspecto de los lugares bolivianos me pareció desaseado, y no quería repetir un desastre en carretera...seguí en la dieta galletícola. Bueno, en Villazón el bus me dejó cerca de la oficina de la empresa, a unas pocas cuadras. De ahí me dieron las indicaciones para llegar hasta la frontera con Argentina...

miércoles, octubre 18, 2006

De Cali a Sao Paulo (Parte 1: hasta Perú)

Antes de todo, debo aclarar que hubo dos cosas que me ayudaron a ahorrar dinero: las millas de Avianca compradas en Olímpica a precio de huevo (de avestruz) y las personas del extranjero que conocí a través de internet o que ya conocía en persona. Gasté 1000 dólares y 2 meses en este recorrido.
El inicio de este viaje fue desesperado, solamente avisé de mi viaje el día anterior a mi partida, necesitaba resolver algunos asuntos personales y ponerme a prueba (anticipo el resultado: prueba superada) y para ello no podía ser bombardeado por todos aquellos negativos y envidiosos comentarios que le hacen a uno desistir de las cosas sin haberlas iniciado (ya veo de dónde viene mi agüero de no contar mis planes).
Comencé el viaje a las 6:30 a.m. del 22 de junio de 2006 en la terminal de transportes de Cali, en una empresa que no recomiendo (SuperTaxis), el valor del pasaje era $35.000 (14 dólares). Pude irme despierto todo el camino, menos en la parte donde quería estar despierto -el valle del río Patía- y mientras tanto fui comiendo maní, papitas, galletas y tang, pues el chofer decidió parar en Rosas a almorzar a las 10:30 a.m. y no tenía ni cinco de hambre -y no volvió a parar ni para comer ni para ir al baño, del que carecía el bus-. Llegué a Ipiales hacia las 5:30 p.m. (2 horas después de lo presupuestado), tomé taxi colectivo hasta Rumichaca, hice trámite de inmigración al Ecuador (me tomó casi una hora, había mucha gente) y conocí a una caleña que iba a visitar a su novio peruano en Guayaquil. Su nombre era Jackeline. Gracias a ella tomé ánimos para seguirla hasta Guayaquil esa misma noche. En Tulcán tomamos el único y maloliente bus de Expreso Tulcán que había con destino a Santo Domingo de los Colorados; ya había comentado de los olores en los buses de Ecuador y el sobrecupo; en 3 años, las cosas no cambiaron. Nos detuvo la policía de carretera pero no se demoraron mucho en la revisión del bus, luego paramos en un restaurante chino poco después de Ibarra y no hubo más paradas hasta la terminal de Quito, llegando hacia la 1:00 a.m. En esta tenebrosa terminal, paramos durante una hora, tiempo en el cual pudimos entrar al único restaurante abierto las 24 horas, aproveché para comprar más galletas y agua (prometí no volver a comer en restaurantes ecuatorianos ni bolivianos). A las 2:00 p.m. arrancamos nuevamente hasta Santo Domingo de los Colorados. Este trayecto tuvo un valor de 7 dólares (Tulcán-Sto Domingo). Jackeline me mantuvo despierto casi toda la noche y la mayor parte del tiempo nuestra conversación fue entretenida...pero hubo momentos en que quería saber de dónde se apagaba. En Santo Domingo llegamos a la terminal y no era sino bajarnos, para ya estarnos subiendo al siguiente bus, sin mucha meditación. En Expreso Zaracay llegamos hasta Guayaquil por un valor de 4 dólares. Como la vez anterior que estuve en Ecuador, al regreso no tuve una buena experiencia, decidí pasar este país y Bolivia a paso de rayo, sin importar el cansancio. Al llegar a la terminal de Guayaquil, me dí cuenta que la carretera para pasar a Perú estaba bloqueada por protestas en el pueblo de Santa Rosa (les habían prometido una obra hacía años y no se las habían construido). Me despedí de Jackeline, nos dimos buena suerte y cada quien siguió su camino. Tomé un bus de la empresa Cifa por 4 dólares para ir hasta Machala, pues era el destino más cercano a la frontera hasta donde me llevaban los buses. En Machala, en la oficina de Cifa, tomé un bus hasta Santa Rosa por 1 dolar. Pero no llegué a Santa Rosa, pues ahí era donde estaba el bloqueo de la carretera, así que nos dejaron a todos los pasajeros justo al lado del bloqueo (montañas de tierra y llantas quemadas señalaban el fin del paso) y cada quien se defendía de ahora en adelante como pudiera. Tomé mi morral y caminé junto con muchas otras personas, un trayecto de 1 kilómetro más o menos hasta llegar al otro lado del bloqueo, donde habían buses parqueados para recoger las personas hasta el siguiente pueblo (Arenillas). Por otro dólar nos llevaron hasta allá, en Cifa nuevamente, pero más adelante después de Arenillas en medio de la nada, había otro bloqueo en la carretera, así que la gente de los pueblos cercanos había parqueado sus carros y motos para llevar a la gente hasta Huaquillas. Tomé una moto por 3 dólares que me acercó al puesto de inmigración y luego me llevó hasta Huaquillas, me esperó a que cambiara unos pocos dólares y me dejó en la frontera. No fue nada cómodo llevar un morral tan grande en una moto haciendo equilibrio jeje. Ya en Aguas Verdes, del lado peruano, agradecí por haber salido del Ecuador, me fui en taxi-cholo por 5 soles (a esa hora era lo más barato, sin embargo hay transporte de 2 y 3 soles) hasta el puesto de frontera, sellé mi pasaporte y tomé un microbus (la combi) hasta Tumbes. En Tumbes extravié mi reloj, me subí a otra combi y seguí hasta Zorritos por 2 soles. Esta vez no había hospedaje en Casa Grillo, seguí entonces hasta la otra sede de este hotel llamada 3 Puntas, unos dos kilómetros mas adelante. Ahí permanecí por dos días y dos noches (cada noche a 25 soles), recorrí la playa, comí camarones, me escapé de morir atacado por los grillos (literalmente, habían millones volando en las noches, como si fueran cucarachas), me enfermé con algo que comí en el hotel y que salió de mi cuerpo casi intacto y cuando ya estuve mejor, compré el pasaje hasta Trujillo en la empresa Dorado (menos cómoda que Emtrafesac y me costó 30 soles). Al personaje que me atendió en el hotel, muy atento, pero muy poseido por la pereza, en general me atendió bien, pero tuve un inconveniente a la hora de pagarle la cuenta porque no fue diligente con el cambio, así que hice un mal trueque (dos botellas de agua), y me hizo salir ofuscado, pero aun así volvería al hotel. Caminé hasta Zorritos con maleta en la espalda a conseguir un taxi cholo que me llevara hasta la estación de bus, fue un camino largo (por el peso de la maleta mas que todo) pero menos mal iba con linterna y buen ánimo. Tomé el bus de las 11:15 p.m., y llegué a Trujillo hacia las 8:00 a.m. tras ser tosido por una niña que viajó al lado mío; no fue el bus más cómodo pero llegué bien. En Trujillo visité nuevamente el salón de té Buenos Aires y tomé más yogurt frutado con jarabe y trigo atómico al lado de Residencial Vanini. En Residencial Vanini pagué 15 soles por hospedarme en el día; el morral lo había dejado en la terminal de Línea 5, pues recién llegué arrimé ahí para comprar el tiquete a Lima esa misma noche. Salí a caminar por Trujillo, me distraje viendo casas, gente, y cuando ya me cansé me fui a dormir la siesta al hotel. En el hotel me quedé conversando con la hija de Carmela Vanini (la dueña), intercambiamos historias y me deseó mas suerte en el viaje. He de decir que ella fue muy amable. En Línea 5 me cobraron 35 soles por el trayecto hasta Lima, viajé en el bus de las 10:00 p.m.

lunes, octubre 16, 2006

Perú, un mes y 550 dólares (Parte 2)

El viaje de Trujillo a Lima toma otras 8-9 horas por una carretera en medio del desierto. Se pasa por varios poblados como Virú, Chimbote y Huarmey. Si se quiere ver las dunas en el desierto, es un buen paseo, si no, es mejor hacerlo de noche. La empresa que me transportó fue Línea 5, por un valor de 30 soles (unos 8 dólares) y la verdad, para no ser la tarifa de lujo, me pareció excelente el servicio. Esta empresa llega a Lima a una de dos terminales, una en el norte (Los Olivos) y otra en La Victoria más céntrica y bonita. Cabe anotar que en algunas ciudades peruanas no existen las terminales de transporte terrestre (o como las llaman ellos, terrapuertos) en el sentido que cada empresa de bus tiene su terminal y no estan reunidas todas las oficinas en una sola edificación, Lima no es la excepción.
Lima es una ciudad con edificaciones hermosas, de lo poco bueno que hicieron los españoles por América, finalmente capital de uno de los virreinatos más ricos de la época colonial. Puede conocerse la Plaza de Armas, la estación de Desamparados, la Plaza San Martín, en general las edificaciones coloniales del centro (que se encuentra en recuperación), el distrito de Pueblo Libre, Barranco (similar a La Candelaria en Bogotá, pero al lado del mar) lugar que cuenta gran parte de la historia limeña, la huaca Pucllana, el moderno distrito de Miraflores, la avenida Arequipa, el edificio que se desarma (sede del centro de altos estudios históricos militares, frente al Museo de Arte de Lima, en el Parque de la Exposición) y el distrito de La Punta en la Provincia de Callao, anexa a Lima (personalmente, mi favorito). En cada uno de estos lugares hay mucho por conocer, arquitectura por admirar, platos por degustar (recomiendo la Causa de Camarones) y gente amable. Lima es una ciudad con una buena infraestructura para el turismo, se puede cambiar dinero en la calle en lugares como Miraflores y el centro, con aquellas personas autorizadas (llevan un chaleco que los identifica) de una manera segura y cómoda, a un buen cambio (aunque no está de mas revisar que el número lateral de los billetes sea tornasolado y cambie de colores, y no recibir billetes de más de 50 o 100 soles). En esta ocasión me hospedé en un hostel llamado Samay Wasi sobre la avenida Conquistadores a 8 dólares por noche; sin embargo, este hotel no existe más, pero hay buenas ofertas en hosteles con habitación compartida o individual, desde 20 soles por noche (6 dólares) en adelante, sobretodo en el distrito de Miraflores. No olvidar probar la lúcuma ni olvidar tomarse un pisco sour en el Hotel Mauri, cuna de la famosa bebida, espectacular.
De Lima a Arequipa son 14 horas de recorrido, vale la pena irse en un transporte adecuado. Por 70 soles (unos 20 dólares) tomé el servicio imperial en Cruz del Sur que incluía cena, desayuno, bingo, asiento semi-cama, películas buenas, baño y aire acondicionado. Arequipa queda a unos 2300 metros sobre el nivel del mar y hay mucha estática. Tiene su terrapuerto (para todas las empresas de buses en un solo edificio) y es una ciudad ordenada y bonita. La Plaza de Armas es preciosa, y sus calles del centro parecen haberse quedado en el pasado; en la plaza y sus alrededores, se desarrolla la vida para el turista, con agencias, tiendas, restaurantes, bares, y obviamente toda la historia que tiene esta ciudad blanca, con sus museos, edificaciones y la momia Juanita. Existe una fábrica de chocolates llamada La Ibérica, que sin ser barata, vale la pena probar sus creaciones. Aquí en Arequipa hay que comer ocopa y rocoto relleno. Me hospedé en el hostel La Estación a 25 soles la noche (incluyendo el desayuno), está relativamente cerca del centro, es un hostel que se compone de dos vagones antiguos de tren, acondicionados para el turista en habitaciones individuales o dobles (pero se oye todo lo que acontece en los cuartos de los costados). El servicio fue muy bueno, incluso fui recogido en el terrapuerto por uno de sus empleados, llamado Soyuz (si, como la nave espacial) y me invitaron a tomar cerveza.
Desde Arequipa tomé, por 18 dólares (incluyendo un almuerzo y hospedaje en Chivay por una noche), un tour para el Valle del Colca, que tiene un paisaje de postal, se alcanzan a ver las terrazas de cultivo como de los incas, una laguna con la forma del mapa del Perú, unas huacas en lo alto de una montaña que parece una pared y los prados con rebaños de vicuñas, llamas y vizcachas. En este tour me recomendaron tomar una pastilla de coramina para evitar el soroche cuando se pasa por el mirador de los nevados a más de 4000 metros de altura...a los lados de la carretera se ve hielo. En la mañana temprano, la guía del tour nos llevó a la cruz del cóndor, para ver a este gigantesco pájaro en su recorrido matutino, pasando por encima de mi cabeza y haciéndome saber porqué es el ave voladora más grande del mundo.
De regreso en Arequipa, me dirigí hacia la ciudad de Puno, junto al lago Titicaca. El transporte corrió por cuenta de la empresa Julsa a 13 soles (casi 4 dolares); no recomiendo este transporte por su impuntualidad y poca comodidad de sus buses, es mejor la empresa Civa cuyo pasaje tiene igual valor. Esta ciudad es pequeña y su atractivo es reducido (se hace el recorrido en una tarde), pero tiene los servicios necesarios para el turismo. Me hospedé en el hotel Bahía por 15 soles la noche (5 dólares). Contacté a Miguel Monteverde en la agencia Kurmi Puno Travel y conseguí un tour por las islas de los Uros a 15 soles. Este recorrido se hace en lancha hasta dos de las islas que tienen acceso al turista, la sensación de estar parado en el agua sobre las islas hechas de totora es extraña; el lago es gigantesco y tiene la forma de un puma visto desde el cielo. Para esta época del año, el cielo no tiene una sola nube y las fotos quedan súper. Cerca a Puno se encuentra el pueblo de Chucuito, que por 4 soles (ida y vuelta) permite conocer a este pequeño pueblo hecho en piedra, que tiene algo de magia en sus calles; se encuentran unos monumentos fálicos de origen indeterminado y desde aquí hay una buena vista del lago; en la carretera de acceso, se encuentran dos cabezas incas a lado y lado (la foto queda chistosa).
De Puno seguí hasta Cusco, tomé un servicio semi-cama en la empresa San Luis. Este recorrido lo hice en noche de luna llena, la nieve de las montañas alumbra. Inicialmente, de Cusco seguí hasta Ollantaytambo y ahí tome el tren hasta Aguas Calientes (sólamente se puede acceder en tren a este pueblo). El valor del tiquete fue de 35 dólares (el primer servicio de la mañana es más barato, casi la mitad). En Aguas Calientes, algunas cosas son más caras que en otras zonas turísticas del Perú, sin embargo se encuentran buenos hospedajes a un precio razonable (8-10 dólares la noche, sin desayuno). Desde Aguas Calientes se toma un microbus hasta las ruinas de Machu Picchu, ida y vuelta por 9 dólares, este trayecto toma una media hora. La entrada a las ruinas tiene un valor de 20 dólares pero vale la pena pagarlo, ir a estas ruinas fue lo mejor del viaje, ni siquiera puedo describir la sensación de estar ahí dentro, todo es muy bonito y la perfección de la construcción y el contraste con el paisaje montañoso y el cañón del río Urubamba lo dejan a uno pasmado; tambien hay unos miniratones rubios con forma de bolita cuando uno va subiendo. Aqui se puede acampar, no llevé carpa, pero hubiera valido la pena...me restó disfrutar la tarde recorriéndolas y gorreando guía turística en inglés que le hacían a unos extranjeros (yo miraba a otro lado para que no sospecharan jeje). Al otro día madrugué para tomar el tren de regreso a Cusco (Nota: Comprar tiquete ida y vuelta para el primer servicio de la mañana desde Cusco u Ollantaytambo, yo solo compré el de ida y casi me quedo atrapado en AguasCalientes pues este servicio es el que va más lleno por ser el más económico). En Cusco hay mucho por conocer, al igual que he dicho de las otras ciudades, esta es maravillosa, está muy bien conservada y hay varios museos. Se encuentran varios hospedajes baratos en habitación compartida, recomiendo Maisson de la Jeunesse, atendido por su dueño (...)
De Cusco regresé a Puno y de Puno tomé un bus hasta La Paz, en Bolivia. De Bolivia no comentaré mucho, ya que me pareció un desastre. El transporte es pésimo, el paso fronterizo por Kasani es demorado (a los colombianos les piden fotocopia del pasaporte y los policías se empeñan en violar el pacto de la CAN de libre tránsito de personas pidiendo soborno por dar una visa de "traMsito" como ellos me escribieron en el pasaporte, por lo tanto no dejarse de esta gente); para pasar de Copacabana a La Paz, hay que pasar por el lago Titicaca en el estrecho de Tiquina, suben el bus en un planchón (si es que esos pedazos de madera sobre los que lo montan se pueden llamar embarcación) y a la gente le toca pasar en barcos que tienen rotos en el casco. Si es más tarde de las 6:00 pm o si hay mucho viento, el paso por el estrecho se cierra porque se corre el riesgo de naufragar. Al llegar a La Paz, se ve un desorden de ciudad, construida en un accidente geográfico con forma de olla, todo se ve sucio, la gente no es amable (pero creo que no es a propósito sino que andan muy metidos en su día a día), las vallas publicitarias tienen errores de ortografía, no hay buenos restaurantes (y terriblemente antihigienicos). En fin, La Paz no le hace honor a su nombre porque lo que sentí yo como turista fue un acoso sicológico y físico de esa ciudad. Rescato solamente el paisaje de las carreteras y una chaqueta de doble faz que compré en la calle (imagino que era contrabando) a 7 dólares.
De regreso a Colombia seguí la ruta: La Paz-Puno, Puno-Arequipa, Arequipa-Lima, Lima-Trujillo, Trujillo-Tumbes, Tumbes-Cuenca, Cuenca-Ibarra, Ibarra-Cali. Solamente me hospedé en Lima, Tumbes, Cuenca (Ecuador) y en Ibarra (Ecuador), en el resto de lugares me dieron la opción de pagar media pensión o menos, por usar el baño y dormir la siesta sin pasar la noche. También opté por comprar el tiquete del siguiente destino y dejar la maleta guardada en la empresa de transportes mientras iba a almorzar. Al regreso hice todo el recorrido de noche, para evitar pagar hotel y mejor dormir en el bus. Los hospedajes en Ibarra y Cuenca costaron menos de 10 dólares cada uno.

Hasta aquí ha sido mi viaje al Perú, regresé a Cali el 29 de julio de 2003, 26 días después de salir.

sábado, octubre 07, 2006

Perú, un mes y 550 dólares (Parte 1)

Contrariando el gusto que se tiene en mi familia por los viajes planeados con varios años de anticipación, gastandose miles de pesos en una semana y escogiendo planes con hoteles lujosos con buffet, decidí que era mejor opción un viaje de aventura, sin planes, con poco presupuesto, poco equipaje, mucha resistencia y muchas ganas...de lo contrario saldría a vacacionar cada 10 años.
Una vez decidido el viaje, tenía que escoger mi destino, pues el avión debía reducirse al mínimo (en lo posible a cero) al igual que las visas.
Perú no tuvo muy buenas referencias en Colombia durante más de una década gracias a sus programas televisivos ("Laura en América", por ejemplo, donde su público y panelistas parecían sacados de un accidente); sin embargo mi terquedad me llevó a pensar que tenía que haber algo más, algo bonito, algo que no solo fuera Machu Picchu y Laura en América.
Fue el 3 de julio del año 2003 cuando salí con mi mochila a pasear rumbo a este país, repentinamente, con 3 acompañantes, de las cuales solo una regresó junto a mí. Todo el trayecto fue por tierra (excepto un pequeño trayecto por el lago Titicaca).
El primer trayecto cubierto fue en la ruta Cali - Ipiales, de nueve horas de duración y en una empresa de transporte que no recomiendo: Trans Ipiales. Con un costo aproximado de 32.000 pesos (15 dólares), se hace interminable este recorrido por la incomodidad de los microbuses (nanobuses, diría yo), pues lamento que haya gente que no comprenda que existimos las personas altas y reduce al mínimo el espacio entre sillas y usa vehículos de techo bajo. La única empresa recomendada es Expreso Bolivariano, es segura y aunque en esta ruta no he viajado antes por esta empresa, son los más serios y más cómodos.
El paso fronterizo hacia Ecuador se hace en taxi desde Ipiales hasta Rumichaca, cobran poco dinero (menos de un dólar) y lo dejan a uno en el puesto del DAS para el sellado del pasaporte y la revisión del pasado judicial (obligatorio para todo colombiano que vaya a Ecuador). Luego de esto se cruza el puente que une las dos naciones y se hace un trámite similar en el lado ecuatoriano. Los policías ecuatorianos son lentos para el computador, poco pacientes y poco amables, así que mejor respirar profundo, tener los papeles y el lapicero a la mano para evitar inconvenientes. Desde Rumichaca a Tulcán (la primera ciudad importante que se encuentra en el camino) se toma un microbus o un taxi (1.50 ó 3.50 dólares respectivamente) que en media hora lo lleva a uno hasta la terminal de buses. A partir de este momento y hasta la frontera con Perú, excepto Guayaquil, las terminales de buses son desastrosas e inseguras, llenas de personas que te hablan al tiempo, que si estas despistado agarran la maleta y la suben al bus del que sea empleado cada uno sin siquiera preguntar a donde se dirige. Por lo tanto, en este punto conviene estar pendiente de todas las pertenencias, Ecuador es un país más inseguro en varios aspectos que Colombia. No hay que sorprenderse si el bus que uno escoge lleva gente de pie, así que es mejor revisar desde afuera si hay lugar para sentarse y antes de subirse revisar el estado general del bus (sobretodo que las llantas no se vean lisas), suelen tener alta accidentalidad. No hay buenos restaurantes en el camino, por lo tanto recomiendo llevar comida comprada en Colombia o artículos enlatados o empaquetados, nada hecho al instante, no hay buena higiene (nada más el olor de los buses de cualquier empresa, revela el aseo ecuatoriano, la gente se saca mocos y los pega a los asientos y el olor a axila en el Trole de Quito, es insoportable).
De Tulcán a Quito (la capital ecuatoriana) hay unas 4 a 6 horas de camino (depende del número de paradas que haga el bus a recoger o dejar gente y del número de retenes policiales) y cuesta 4.50 dólares el trayecto en Velotax Norte.
Quito es una ciudad de clima agradable, de edificaciones bonitas en el centro, con las ventajas y problemas de ser la capital, con afluencia de turistas europeos. El hospedaje se consigue desde 5 dólares en habitación compartida y con desayuno incluido en Hostelling Internacional (Joaquín Pinto 325 y Reina Victoria). El servicio no es bueno, pues quienes me atendieron en dos ocasiones (ida y vuelta), además de ser descorteses, no gustan de dar indicaciones y entregan los cuartos sin ordenar; sin embargo esa zona es turística y se consiguen más hospedajes (que no investigué por aquello de "malo conocido"). El Trole queda relativamente cerca y en él se llega a los lugares que se pueden conocer de Quito por 25 centavos, pero es preferible llevarse un pañuelo bañado en perfume para tener algo agradable para olfatear dentro del Trole, sino el olor a cebolla y cimarrón puede hacer perder el conocimiento. Del terminal de transportes hasta el hospedaje, un taxi cobra entre 3 y 4 dólares.
El siguiente trayecto fue Quito - Guayaquil, en la empresa Flota Imbabura por 7 dólares, trayecto que toma entre 8 y 9 horas, iniciando con el paso por el volcán Cotopaxi y luego bajando hasta nivel del mar, pasando por un paisaje monótono lleno de matas de banano y pueblos que parecen abandonados. No es bonito este trayecto y el único pueblo donde paró el bus fue Santo Domingo de los Colorados, que tampoco es bonito. El bus recogió más gente de la que le daba su capacidad y en mitad de camino se le reventó una llanta...(ni siquiera los buses relativamente bonitos, se salvan de las calamidades en ese país).
Guayaquil es una ciudad moderna, agradable, de clima costero húmedo, con mucho comercio, un malecón bonito y con la única terminal de transportes decente que tiene el Ecuador. Es algo más cara que Quito en algunos aspectos. No comentaré del hotel en Guayaquil porque lo escogí por accidente y no lo recomendaría, pero los hay buenos aunque no tan baratos como los hospedajes u hosteles.
En Ecuador es aconsejable evitar recibir dólares en mal estado, pues los billetes rotos o rayados o con cinta, no los reciben en el resto de países de latinoamérica y si los reciben, los cambian a un cambio mucho menor que el oficial.
De Guayaquil hasta Huaquillas (la frontera con Perú) el camino mejora un poco porque disminuyen las matas de banano y hay una zona similar al trayecto que se hace de Vijes a Buga, en Colombia. Este trayecto dura unas 5 horas y vale unos 4-5 dólares en la empresa Ecuatoriano Pullman, sin embargo hay otra empresa llamada Cifa, que realiza el trayecto hasta Tumbes, atravesando la frontera con Perú y es una mejor opción por un precio similar. Los puestos fronterizos de Ecuador y Perú estan separados de la frontera 1 km, debido a guerras en el pasado, por lo tanto hay que estar pendiente que el conductor no se pase del puesto fronterizo para sellar el pasaporte. A diferencia de la frontera colombo-ecuatoriana, en la frontera ecuatoriano-peruana no es seguro cambiar dinero, pues hay mucho dinero falso. Conviene cambiar máximo unos 10 dólares para poder pagar taxis o buses hasta llegar a Tumbes (o en caso que llegue de noche y no hayan bancos abiertos) y preferiblemente cambiarlos en billetes de denominacion pequeña o en monedas que no sean de Un Sol. En este punto conviene deshacerse de todos los billetes de dólar de baja denominación o en mal estado (no los aceptan en Perú) y de las monedas.
Desde Aguas Verdes (el nombre peruano de Huaquillas), el paisaje se torna mucho mejor. En este pueblo puede tomarse un microbus hasta el puesto fronterizo o una mototaxi (taxi-cholo) y cobra unos 5 soles (poco más de un dolar). No conviene tomar taxi, pues son usureros. Desde el puesto fronterizo se toma un microbus hasta Tumbes, que cobra máximo unos 2 soles (75 centavos de dólar). En Tumbes, si se llega de día, puede optarse por cambiar dólares y si ya hay algo planeado, comprar el tiquete de bus hasta el siguiente destino, a veces son más baratos si se compran con días de anticipación. Tumbes es una ciudad en medio del desierto, como casi todas las ciudades de la costa peruana. Hay opciones de hospedaje en el siguiente pueblo llamado Zorritos o más adelante en Máncora (departamento de Piura) y me parecen mejor alternativa pues son aisladas pero baratas, con oficinas donde comprar tiquetes de bus, pequeñas tiendas y mar más limpio. Yo me hospedé en Casa Grillo, en el pueblo de Zorritos, a una media hora de Tumbes y a 1.50 soles en microbus. Este hospedaje tiene un corte ecologista, es atendido por su dueño y por lugareños, se recicla el agua del lavamanos para usarla en el sanitario, las cabañas son de madera y elementos reutilizables y no choca su arquitectura con el entorno. No es un lugar lujoso, y si se sabe apreciar, puede resultar acogedor. La noche cuesta 15 soles (unos 5 dólares) y el desayuno 5 soles (menos de 2 dólares). Era época invernal así que la playa era únicamente para mí, estaba impecable, sin vendedores y sin basura...aunque el agua más fría que lo normal en el Pacífico peruano. Hay un restaurante en Zorritos que si no se es muy escrupuloso ni exigente, sirve para llenarse de comida de mar, se llama "Arriba Perú" y es barato.
Siguiendo el trayecto, viajé de Zorritos a Trujillo en la noche, en la empresa Emtrafesac/Ave Fénix, que por 30 soles (9 dólares) y 9 horas de viaje me llevó hasta la ciudad de Trujillo. En esta ciudad costera, hay varios lugares bonitos por conocer, la ciudad es pequeña y sin centros comerciales, pero hay varias casas museo donde se conoce la historia de la ciudad, algunas de ellas de entrada gratuita, la plaza de armas y varias edificaciones bonitas. Aquí me hospedé en Residencial Vanini (Avenida Larco 237) a 25 soles la noche, es un hotel bien bonito, tiene un jardín interior hermoso con un árbol de durazno japonés, es una casona antigua de dos pisos y varios cuartos y es atendido por su dueña (Carmela) o su hija o alguna de sus empleadas, todos MUY amables. Queda cerca a la Plaza de Armas, al lado hay un sitio donde venden yogurt frutado con almíbar y trigo atómico (el yogurt más rico que recuerde) y a unas 3 cuadras en camino a la plaza, queda el salón de té Buenos Aires, que es un buen lugar para desayunar (el sandwich de pavo es bueno) pues es higiénico, buena sazón y es barato. Cercano a Trujillo se encuentran las ruinas de Chan Chan (la ciudad de barro más grande del mundo) y en taxi cuesta unos 30-35 soles (10 dólares), la entrada a las ruinas vale 10 soles (3 dólares). También están las huacas del Sol y de la Luna y el museo Tschudi, la entrada también vale 10 soles y el taxi también 30-35 soles.
Cerca a Trujillo existe un balneario llamado Huanchaco, donde se puede ver el paisaje desde el mirador de una iglesia abandonada y contemplar la pesca artesanal en los caballitos de totora. Trujillo tiene mercados artesanales pequeños pero con bonitas y curiosas creaciones.

(Continúa en la Parte 2)